Ciento sesenta años después de que Lucía rompiera el ciclo, el Jardín de las Diez Generaciones ya no era solo un lugar sagrado. Era un pulmón vivo del planeta, un espacio donde miles de personas encontraban alivio cada año. La biblioteca Valeria Solís se había convertido en un centro internacional de biblioterapia y sanación emocional, pero el verdadero milagro seguía ocurriendo entre las rosas blancas que nunca dejaban de florecer.
Johanna Rivera Solís, de setenta y tres años, era la guardiana