El sol de la tarde entraba por las ventanas de la pequeña casa que Mateo y Johanna habían comprado cerca del río. La sala estaba llena de cajas todavía sin abrir, pero en el centro de la mesa ya había un jarrón con rosas blancas frescas.
Johanna estaba sentada en el sofá, con una mano sobre su vientre ligeramente abultado. Tenía seis meses de embarazo y una sonrisa permanente en el rostro.
Mateo entró desde la cocina con dos vasos de limonada fría. Se sentó a su lado y le pasó uno.
—¿Cómo se po