Johanna Rivera falleció una tranquila mañana de mayo, exactamente tres días después de que Lucía regresara de Barcelona.
La biblioteca permaneció cerrada durante una semana como muestra de respeto. El pueblo entero se vistió de blanco en su funeral, tal como ella había pedido. No quería negro. Quería que celebraran su vida, no que lloraran su muerte.
El entierro fue sencillo pero emotivo. La enterraron junto a Mateo, bajo la sombra de un viejo roble, tal como ella siempre había deseado. Lucía,