Ciento veinte años después de que Lucía rompiera el ciclo, el Jardín de las Diez Generaciones ya era un símbolo internacional de sanación. La biblioteca Valeria Solís recibía visitas de todos los continentes. Terapeutas de trauma traían a sus pacientes. Escritores venían a buscar inspiración. Y cada año, el 12 de junio, miles de personas dejaban una rosa blanca en la entrada como ofrenda silenciosa.
Lucía Rivera, de cincuenta y dos años, era la actual guardiana principal. Su cabello tenía hilos