Ciento cincuenta y cinco años después de que Lucía rompiera el ciclo, el Jardín de las Diez Generaciones ya era mucho más que un lugar. Era un pulso vivo que latía en sincronía con miles de corazones alrededor del mundo. La biblioteca Valeria Solís había sido ampliada con respeto y belleza, pero el alma seguía concentrada en ese patio interior donde las rosas blancas florecían sin pausa, como si el tiempo les hubiera prometido eternidad.
Victoria Rivera Solís, de sesenta y ocho años, era la gua