Ciento cuarenta y cinco años después de que Lucía rompiera el ciclo, el Jardín de las Diez Generaciones ya no era solo un lugar. Era un ser vivo que respiraba junto con quienes lo visitaban. La biblioteca Valeria Solís había sido ampliada con respeto, pero el corazón seguía siendo el mismo patio interior donde las rosas blancas florecían sin pausa, como si el tiempo no tuviera poder sobre ellas.
Sofía Rivera Solís, de cincuenta y siete años, era la guardiana principal. Su presencia era tranquil