Ciento treinta años después de que Lucía rompiera el ciclo, el Jardín de las Diez Generaciones ya era considerado un lugar sagrado por muchas personas alrededor del mundo. La biblioteca Valeria Solís había crecido, pero el corazón seguía siendo el mismo patio interior lleno de rosas blancas que nunca dejaban de florecer, incluso en los inviernos más duros.
Sofía Rivera, de cuarenta y siete años, era ahora la guardiana principal. Tenía el cabello entrecano y una calma profunda en la mirada, here