Ciento cuarenta años después de que Lucía rompiera el ciclo, el Jardín de las Diez Generaciones ya era un lugar de peregrinación mundial. La biblioteca Valeria Solís había sido declarada Santuario de la Esperanza por la UNESCO, pero para las mujeres de la familia seguía siendo simplemente “casa”.
Valeria Rivera Solís, de cincuenta y nueve años, era la guardiana principal. Su cabello completamente blanco contrastaba con la vitalidad de su mirada. Esa mañana de primavera caminaba lentamente por e