Lucía despertó antes del amanecer.
A sus setenta y dos años, su cuerpo ya no era tan ágil como antes, pero su mente seguía tan clara como el primer día. Sabía que ese día sería especial. Lo había sentido desde que abrió los ojos.
Se vistió con calma, eligió su vestido blanco favorito y se colocó un chal sobre los hombros. Antes de bajar, se detuvo frente al espejo y se miró por largo rato. La mujer que le devolvía la mirada ya no era la joven asustada que había luchado contra Victoria. Era una