Esa noche, Eliana estaba en su casa, sentada en el sofá con su computadora portátil sobre las piernas. Había estado trabajando en su propuesta para el concurso de innovación tecnológica durante horas, pero por más que lo intentaba, no lograba encontrar la inspiración que necesitaba. El premio era tentador: una colaboración directa con la empresa de Alejandro Salazar, uno de los empresarios más influyentes del sector tecnológico. Ganar ese concurso no solo le daría visibilidad, sino que también