Eliana e Isaac seguían conversando tranquilamente en el café gourmet. La atmósfera del lugar era relajante, con un aroma a café recién molido y postres finos expuestos en una vitrina cercana.
—Lo que me sigue sorprendiendo —dijo Isaac, con una sonrisa juguetona— es que, a pesar de todo lo que José Manuel hizo, todavía te tomes el tiempo de querer demostrar tu inocencia.
Eliana suspiró y removió su café con la cucharita.
—No es por él, Isaac. Es por mí. No voy a permitir que me difamen de esa ma