Habían pasado ya tres semanas desde que la verdad fue revelada. Tres semanas desde que Samuel conoció su origen y abrazó a Eliana como su madre, desde que José Manuel dejó atrás los silencios que cargó por años, y desde que María José descubrió el vínculo que la unía a Eliana, no solo como amiga, sino como hermana de sangre. El tiempo, con su andar constante y sin detenerse, comenzó a poner todo en su lugar, sanando heridas, uniendo pedazos sueltos y tejiendo los lazos rotos con hilos nuevos, m