Eliana estaba allí, de pie, apenas a unos pasos, con los ojos cristalinos y el alma temblando. Sus manos apretaban con fuerza el borde del vestido, como si en ese gesto pudiera contener todo lo que le estaba estallando por dentro: la emoción, el miedo, la culpa… y sobre todo, el amor. Ese amor callado, silenciado por las circunstancias, por el dolor de haber sido separada de su hijo, por el peso de los años en los que no había podido ni siquiera pronunciar su nombre sin que se le quebrara la vo