Eliana se había levantado temprano esa mañana. Se notaba distinta, más tranquila, más sonriente. Llevaba días preparando cada detalle, escogiendo los ingredientes más frescos del mercado, probando recetas nuevas y otras heredadas de su madre. La casa olía a comida casera, a calidez, a hogar. Samuel la había ayudado a poner la mesa, aunque entre risas y distracciones, terminó colocando los cubiertos en desorden. No importaba. Ella lo miraba con ternura, sabiendo que aquel momento quedaría grabad