—Samuel —dijo José Manuel con voz suave, mientras lo sentaba sobre sus piernas—, ¿recuerdas que siempre he sido sincero contigo?
El niño alzó la mirada hacia él, curioso, con esos grandes ojos que tantas veces lo habían desarmado, con la inocencia intacta y la confianza completa de quien nunca ha dudado de nada.
—Sí, papi. Tú siempre me dices la verdad… y también que me amas. ¿Pasó algo? ¿Me vas a contar algo secreto?
José Manuel asintió despacio, tragando saliva, sintiendo cómo el pecho comenz