La tarde había caído sobre la ciudad como una cortina suave, en silencio. Afuera, el mundo parecía seguir su curso con normalidad, pero dentro del corazón de María José, todo había cambiado. Caminaba por los pasillos del hospital con una mezcla de vacío y plenitud. En sus manos sostenía la hoja impresa del resultado. Y en su pecho, una verdad que apenas comenzaba a asimilar.
Samuel era el hijo de su hermana. No quedaban dudas. Y su hermana, aquella niña que fue robada hacía tantos años, cuya au