El pasillo del hospital estaba bañado por una luz tenue de la mañana. Eliana, que se había quedado despierta la mayor parte de la noche al lado de Samuel, había salido unos minutos a tomar aire mientras una enfermera lo vigilaba. Fue entonces cuando María José, con el corazón galopándole en el pecho, se acercó con José Manuel hasta el consultorio del laboratorio, donde los esperaba la técnica encargada del procedimiento.
No intercambiaron muchas palabras en el camino. Ambos caminaban con los la