El sol apenas comenzaba a filtrarse por las rendijas de las cortinas cuando Eliana abrió los ojos. Sentía los párpados pesados, como si no hubiera dormido en absoluto, aunque sabía que había dormido. Su cuerpo había descansado, pero su mente no había parado de girar en círculos. La noche anterior había sido un caos interno. Las palabras de Isaac, la presencia de José Manuel, la mirada inocente de Gabriel, el cariño de Samuel… Todo eso se mezclaba en su pecho como una maraña difícil de desenreda