El mármol del suelo brillaba como si estuviera recién pulido. Cada rincón de la nueva mansión relucía con opulencia: techos altos, candelabros de cristal tallado, una escalera de caracol que parecía sacada de un palacio europeo y ventanales tan altos como las paredes mismas, enmarcando la ciudad desde su punto más exclusivo.
La casa había sido el “regalo de despedida” de José Manuel. Un intento de compensar la cancelación del compromiso. Para Samantha, fue simplemente una transacción más. Lo ac