La ciudad estaba envuelta en una niebla tenue y espesa, como si incluso el cielo supiera que algo oscuro se avecinaba. Eran casi las diez de la noche cuando dos patrullas se desplazaron discretamente por las angostas calles del barrio San Mateo, un sector antiguo de la ciudad donde las casas conservaban todavía tejados de teja roja, ventanas pequeñas con rejas de hierro forjado y muros encalados que despedían la humedad del día.
La patrulla principal se detuvo frente a una casa modesta de dos p