Isaac estaba confundido, tragó saliva. Aún no se movía. Sus pies parecían anclados al suelo, como si con cada segundo que pasaba se hundiera más en la culpa y el miedo. Miraba al frente, pero no veía nada. Sus pensamientos estaban atrapados en la imagen de María José, inmóvil sobre la camilla, con tubos que la mantenían con vida y un silencio que dolía más que cualquier grito. Sentía que si daba un paso fuera del hospital, estaría fallándole. Que, de alguna forma, su ausencia sería la diferenci