El abrazo de Isaac todavía pesaba sobre sus hombros como una manta cálida en medio de la tormenta. Eliana sentía que podía quedarse así un poco más… solo un poco más. Pero sabía que no era posible. No podía olvidarse de que había dos pequeños esperándola en casa. Dos corazones frágiles que también necesitaban su presencia para sentirse seguros, para encontrar sentido en el caos que se había desatado en los últimos días.
Eliana respiró hondo, despegándose con suavidad del pecho de Isaac. Levantó