El aroma del café recién hecho llenaba la cocina, mezclado con el sonido sutil de la lluvia acariciando los ventanales. Era uno de esos días grises, pero extrañamente cálidos, en los que todo parecía calmarse... al menos en la superficie.
María José, sentada junto a la mesa, sostenía entre sus manos una taza tibia mientras observaba a Isaac preparar un par de tostadas. Desde el desmayo de aquella mañana, él no se había separado de su lado. La había cuidado con una entrega que removía emociones