Los días transcurrían con un silencio incómodo en la casa. Isaac y María José compartían espacios, pero no momentos. Cada palabra era medida, cada gesto contenido, como si ambos caminaran sobre cristales rotos.
Isaac se esforzaba por mantener su distancia, convenciéndose de que era lo correcto. María José, por su parte, intentaba no quebrarse cada vez que él pasaba a su lado sin mirarla. El dolor de sus diferencias, las discusiones no cerradas y los sentimientos no expresados, se acumulaban com