La noche había llegado con una intensidad inusual. Las nubes pesadas cubrían el cielo, apagando cualquier rastro de luna o estrellas. El viento golpeaba los cristales con furia, haciendo crujir puertas y persianas como si el mismo cielo llorara una pena antigua. La tormenta crecía con cada minuto, y con ella, un sentimiento profundo de inquietud comenzaba a colarse entre las paredes de la casa.
Samuel dormía profundamente en su habitación, arropado hasta el cuello, ajeno al estruendo que se des