Eliana sintió un nudo en la garganta. La culpa comenzó a treparle por la espalda.
—¿Y María José? ¿Ella sabe que él pasa tanto tiempo conmigo?
—Sí. No es fácil para nadie, Eliana. Pero María José entendió algo: que Isaac no podía dejarte sola. Que eras una parte vital de su vida. No su pareja, no la madre de su hijo… pero alguien a quien ama profundamente, aunque sea de otra forma. No podía abandonarte. ¿Tú habrías hecho lo mismo por él?
Ella no respondió. No necesitaba hacerlo. José Manuel la