Eliana se encontraba sentada en el sofá del estudio, con la mirada perdida en la ventana. La tarde se deslizaba lentamente entre las sombras de los árboles que danzaban con el viento. Un leve dolor de cabeza la acompañaba desde el amanecer, pero no era físico… era la consecuencia de cargar con tantas emociones acumuladas. Recordar fragmentos sueltos de su vida, dudar de sí misma, sentir enojo, tristeza, y a ratos, una extraña esperanza.
El sonido del timbre interrumpió sus pensamientos. José Ma