El almuerzo transcurría con una falsa normalidad. Samuel comía con entusiasmo, haciendo ruiditos entre bocado y bocado, mientras Eliana fingía estar más interesada en la pasta que en las dos presencias masculinas a su lado. José Manuel intentaba disimular su incomodidad tras la sonrisa, e Isaac apenas tocaba su comida.
Había algo tenso en el ambiente, como una cuerda estirada al límite.
—¿Puedo repetir, Eli? —preguntó Samuel, con su carita llena de salsa.
—Claro, mi amor —respondió Eliana con d