Isaac metió la llave en la cerradura con un gesto automático, como si fuera un reflejo aprendido que su cuerpo aún recordaba. La puerta se abrió sin resistencia. El aire dentro de la casa era cálido, impregnado del aroma sutil de lavanda que siempre caracterizaba el hogar… su hogar.
O al menos, lo había sido.
Cruzó el umbral con pasos lentos, como si temiera que al avanzar demasiado, algo dentro de él se rompiera del todo. Cerró la puerta con suavidad, esperando escuchar pasos apresurados, una