La noche se deslizaba con una calma engañosa, de esas que ocultan tormentas internas. En el pequeño hogar de Eliana, la tranquilidad se respiraba apenas en la superficie, mientras los corazones de quienes estaban allí latían con fuerza por dentro.
Isaac terminaba de recoger los platos de la cena. Samuel estaba acostado sobre una cobija en la sala, dibujando con sus lápices de colores. José Manuel, aunque un poco más silencioso que de costumbre, ayudaba a organizar la cocina, atento a cada movim