Amanda nunca pensó que una simple frase podría tensar tanto una cocina como si fuera una sala de interrogatorios del FBI, pero ahí estaba, con el corazón en un puño, soltándola como si no fuera una bomba emocional de calibre 50.
—Dijo que… ahora es la prometida de Daniel.
Ella esperaba una reacción digna de telenovela.
Que Ethan apretara la mandíbula, lanzara la copa al piso, invocara a los ancestros, cualquier cosa.