Dejas de besarme… y me muero.
El lunes llegó demasiado rápido, como si hubiera estado esperando detrás de la puerta toda la noche solo para saltarle encima a Amanda en cuanto abriera los ojos.
No había dormido bien.
Entre la emoción por el nuevo trabajo, los nervios por no saber qué la esperaba, los pensamientos repetidos de ¿y si me va mal?, y el recuerdo constante de la cena con Ethan —que más que cena había sido una experiencia sensorial que le tenía el estómago