Esto tiene que ser un sueño.
Amanda no supo cuántas horas habían pasado desde la última vez que alguien entró a esa habitación, pero sí supo el momento exacto en que la paciencia dejó de alcanzarle.
Al principio intentó obedecer. Intentó quedarse quieta, respirar, pensar en otra cosa, incluso convencerse de que aquel cuarto blanco era un paréntesis y no una advertencia.
Sin embargo, el pitido constante del monitor terminó por desesperarla, no porque fuera fuerte, sino po