Tenemos una cena pendiente.
Si había algo que Amanda no estaba dispuesta a dejar de hacer, era besarlo.
Los labios de Ethan se habían convertido en un tipo extraño de analgesia emocional, un remedio que ningún terapeuta, charla motivacional ni baño con velas aromáticas había sido capaz de darle en semanas.
Cada roce, cada pequeño movimiento de su boca contra la de ella, era como encender luces donde antes solo había sombras.
Él la sostenía con una delicadeza peligrosa, como