Tenemos que hablar.

Amanda agradeció al cielo que Rebeca aún no hubiera regresado al apartamento cuando llegó cargando sus cosas, porque si la veía entrar con esa cara de desastre natural, cargando sus cosas como una fugitiva y temblando por dentro, no la dejaría en paz hasta sacarle toda la verdad.‎‍‍‍‍‍‎ ‎‍‍‍‍‍‎

Y ella no tenía fuerzas para responder nada.‎‍‍‍‍‍‎ ‎‍‍‍‍‍‎

Dejó sus pertenencias sobre la mesa como si le pesaran más que su propio cuerpo y se dejó caer en el sofá, sintiendo cómo la tensión del día
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