Tenía miedo.
El departamento de Ethan no había cambiado en absoluto; la que había cambiado era Amanda.
Y no un cambio bonito tipo “nueva mujer empoderada”, no.
Era más bien una versión descafeinada, medio rota y con la autoestima colgando de un hilo dental barato.
Apenas cruzó el umbral, sintió ese ligero temblor interno que aparece cuando todo en tu vida se desmorona, pero tú sonríes como si todo estuviera bajo control, aunque por dentro estés gritando “auxili