Adiós, señor Van Ness.
Amanda no supo con exactitud cuánto tiempo llevaba encerrada en el baño de mujeres, y tampoco le importó.
No era como si alguien la estuviera esperando.
Daniel se lo había dejado claro con mucha frialdad, la quería lejos de la empresa.
Y lo peor era que, en ese momento, a ella también le parecía la única salida sensata.
La imagen que le devolvió el cristal apenas se parecía a la mujer que había llegado emocionada a su primer día de