REUNIÓN DE TRABAJO.
El ascensor subió con lentitud criminal, suficiente para que Amanda sintiera cada mirada sobre ella como si cargara un letrero luminoso que dijera.
“Sí, vine con él. No, no sé cómo pasó.”
Ethan estaba justo a su lado con una calma absoluta.
Porque claro.
Él podía entrar a un edificio con una bomba nuclear en brazos sin despeinarse.
Amanda, en cambio, intentaba no parecer una adolescente aplastada por sus propias hormonas.
Y fallaba espectacularmente.
Cuando las puertas se abrieron en el piso de