VOY A CUIDARTE AQUÍ ADENTRO.
La sala estaba iluminada solo por la luz suave que entraba desde la ventana.
Frente a la mesa, con las mangas de la camisa arremangadas y el reloj brillando sobre la muñeca, estaba Ethan Van Ness.
No estaba sentado.
No estaba revisando documentos.
Ni siquiera estaba mirando la laptop.
Estaba de pie, con las manos en los bolsillos, como si la estuviera esperando.
Como si supiera exactamente cuándo iba a entrar.
Amanda tragó saliva.
—Llegaste —dijo él, sin moverse.
—Mandaste un correo de tres pal