Todo tiene arreglo.
Amanda se tomó el tiempo necesario para poner en orden sus ideas.
No porque la calma le naciera fácil, sino porque entendió que si volvía a esa sala con la rabia por delante, iba a firmar cosas con el corazón hecho trizas y no con la cabeza fría.
Respiró hondo, una vez, dos, tres, y se obligó a sacar de su pecho ese veneno lento que la había estado cegando desde que vio a Ethan.
Porque sí, lo aceptara o no, esta