Están en su casa.
Amanda no podía entender como Ethan pudo hacerle algo así sin avisarle.
No era que no quisiera conocer a su familia.
Era que el cerebro humano necesitaba un mínimo de aviso para no entrar en modo pánico, y ella, que ya venía cargando semanas de tensión, de miradas ajenas, de titulares y de un Daniel que parecía tener un talento especial para arruinarle la paz, simplemente no estaba lista para otra sorpresa de ese calibre.
Dios...