El sol de Miami la recibió como una bofetada cálida y húmeda en el rostro.
Amanda descendió del avión con la maleta en una mano y la mochila colgando del hombro.
El vuelo había sido corto, pero la ansiedad lo volvió eterno.
Apenas había dormido. A ratos, su mente repasaba posibles preguntas para la entrevista, imaginando su voz temblando al responder.
“¿Y si tartamudeo? ¿Y si me quedo en blanco?”, pensaba una y otra vez.
En otros momentos, imaginaba el instante en que entrara a un lugar complet