Apenas dormí aquella noche.
Me quedé tumbada junto a Sebastián, con los ojos abiertos, escuchando su respiración acompasada mientras las palabras de Camila resonaban en mi cabeza una y otra vez. «Sola. Sin Sebastián. Sin guardaespaldas. Sin nadie.» Una trampa. Sabía que era una trampa. Pero también sabía que si no iba, Camila cumpliría su amenaza. Y no podía permitir que le hiciera daño a Sofía.
A media mañana, cuando Sebastián salió hacia una reunión con los abogados, tomé una decisión.
No irí