La habitación quedó en silencio después de que todos se fueran. La madre de Sebastián había sido la última en salir, después de prometer que nos traería algo de comer. Valeria y Adrián se habían despedido con un abrazo, y Don Ernesto, antes de irse, me había mirado con una sonrisa que aún me duraba en el pecho.
Matías dormía en la cuna junto a la ventana. La luz del atardecer se filtraba por las cortinas, dibujando sombras doradas sobre su rostro diminuto. Su respiración era pausada, rítmica, c