La mansión Frost, una vez un mausoleo de recuerdos dolorosos, ahora respiraba una paz extraña bajo el mando temporal del Consejo. Aitana observaba desde el gran ventanal cómo los estandartes de Caleb eran retirados y quemados en grandes hogueras en el patio. El humo negro se elevaba hacia el cielo gris, llevándose consigo siete años de una mentira que casi la consume.
—Es extraño —dijo ella, sin darse la vuelta cuando sintió los pasos firmes de Leo tras ella—. Pensé que recuperar mi hogar me de