La noticia del coma inducido de Maximilian se propagó por la mansión como un incendio forestal. Mientras Dante descansaba en una burbuja de cuidados intensivos, el resto de la casa se convirtió en un campo de batalla de intereses. Elena se encontraba en el pasillo, con el teléfono aún en la mano y el mensaje de la supuesta conspiración brillando en la pantalla como una prueba de su traición.
—¡Usted no se mueve de aquí! —rugió Marcos, el jefe de seguridad, interceptándola antes de que pudiera a