La crisis febril de Dante duró tres horas que parecieron siglos. Maximilian no soltó a Elena ni un segundo. La mantuvo sujeta contra su pecho mientras el equipo médico estabilizaba al pequeño. Por primera vez en su vida, el magnate entendió que había batallas que no se ganaban con chequeras ni con juntas directivas.
Cuando el Dr. Sterling finalmente salió de la habitación, su rostro estaba agotado pero tranquilo.
—La fiebre ha cedido. Ha sido una reacción a la baja de defensas, pero esto confir