El asfalto desapareció bajo las ruedas de la camioneta blindada, sustituido por el traqueteo irregular de un camino de tierra y piedra. Me habían cubierto la cabeza con una tela oscura, pero no necesitaban hacerlo; conocía perfectamente el camino hacia la "Cabaña de los Olivos". Era el refugio de seguridad de Valerius, un búnker de lujo incrustado en la cordillera, rodeado de acantilados y guardias que no hacían preguntas.
Sentada en el asiento trasero, con las manos atadas al frente por bridas