Al día siguiente, Mar se levantó temprano. El sol entraba por la ventana del salón, iluminando las esquinas oscuras del apartamento y haciendo que los recuerdos de Ignacio se le parecieran menos amenazantes. Se lavó la cara, se peinó el pelo y se puso una blusa cómoda y un pantalón amplio. Luego, cogió el reporte del ultrasonido, su cartera y las llaves, y salió de casa.
No sabía adónde ir, pero sabía que tenía que hacer algo. Caminó por las calles de Asunción, donde la gente iba y venía con pr