CAPÍTULO 2: EL PRECIO DEL Traidor
Volví a la oficina. Ana ya tenía todo listo – los documentos de divorcio que redacté hace dos años, cuando descubrí la primera infidelidad. Entonces Ricardo se cortó la muñeca jurando que cambiaría, que no podía vivir sin mí ni sin el negocio. Yo lo creí porque Mateo acababa de nacer y la empresa estaba a punto de quebrar. Fue la decisión "razonable". Ahora sé que solo aplacé el inevitable.
"Señora Valdez, los auditores ya terminaron", dijo Ana, con la voz baj